Contra la tiranía del algoritmo de lectura: Por qué deberías dejar de medir tus libros en redes sociales
Desafíos anuales de Goodreads, rachas de Kindle y audiolibros a velocidad 2x. Es hora de bajarse de la carrera de la productividad y recuperar el placer de la lectura lenta.
¿En qué momento exacto de la historia moderna leer se convirtió en un deporte de alta competencia corporativa? Si usás aplicaciones de catalogación digital o te movés por los rincones literarios de las redes, seguro estás familiarizado con la escena: usuarios que exhiben con orgullo un contador que dice que leyeron 120 libros en el año, barritas de progreso que te alertan en rojo si vas retrasado según tus metas anuales autoimpuestas y aplicaciones que te otorgan medallitas virtuales si mantenés tu racha diaria de lectura sin fallar.
Hemos importado la lógica de la productividad laboral y la tiranía del algoritmo de las redes sociales al único espacio de ocio puro, desconexión y resistencia mental que nos quedaba libre. Nos obsesionamos con el número cuantitativo de libros terminados en lugar de la profundidad cualitativa del impacto que dejaron en nosotros. Es hora de plantarse, bajarse de la rueda de hámster de la productividad y declarar una huelga de lectura veloz.
La aberración de la lectura acelerada a velocidad 2x
Esta obsesión contemporánea por inflar las estadísticas individuales ha provocado la aparición de tendencias preocupantes: tutoriales en internet para aprender a leer más rápido omitiendo las descripciones paisajísticas de las novelas, o personas que escuchan ensayos filosóficos complejos en formato de audiolibro a velocidad duplicada mientras corren en una cinta de gimnasio. El cerebro, lógicamente, procesa los datos de manera superficial para rellenar la estadística, pero es incapaz de asimilar el peso de las ideas, rumiar los conceptos o conectar la trama con sus vivencias personales.
Leer rápido para cumplir un desafío anual de internet es el equivalente literario a ir a un restaurante de alta cocina a tragarse los platos sin masticar solo para poder tachar los nombres de la carta. La gran literatura no se escribe para ser consumida a contrarreloj; se escribe para ser habitada en absoluto silencio. Un buen libro tiene que obligarte a frenar, soltar la página sobre tu regazo, mirar por la ventana del colectivo y digerir esa frase que te acaba de desarmar por dentro.
Manifiesto por una Lectura Lenta y Desobediente
En Rosabooks te proponemos un pacto de desintoxicación literaria a través de tres reglas fundamentales para romperle las piernas al algoritmo de la productividad:
- Abandona los libros que no te atrapen: La vida es demasiado corta y la cantidad de páginas impresas es infinita. Si pasaste las primeras cincuenta páginas de una novela y sentís que estás remando en dulce de leche repostero, cerrala sin culpa. Dejar un libro a la mitad no es un fracaso; es un acto de madurez y respeto por tu propio tiempo.
- Borra tus metas públicas en internet: Dejá de rendirle cuentas a desconocidos en redes sobre cuántos volúmenes devoraste este mes. Que tu única métrica real sea la cantidad de veces que un párrafo te hizo dudar de tus propias convicciones políticas o existenciales.
- Relee sin miedo al estancamiento: Volver a un libro que te marcó hace cinco años no es perder el tiempo ni retrasar tu lista de pendientes. Releer es constatar cómo cambiaste vos: las palabras impresas siguen siendo exactamente las mismas, pero el lector que las abre hoy es una persona completamente distinta.
La próxima vez que abras una edición física, apagá las notificaciones del teléfono, respirá hondo y recuperá el placer primitivo, lento y hermoso de perder el tiempo entre palabras.